El mundo sumergido en un ambiente de estrés y ansiedad. ¿podemos cambiarlo?

De acuerdo con datos publicados por la ONU este 2 de marzo, la prevalencia de depresión y ansiedad en todo el mundo, ha aumentado un 25% a causa de la pandemia del Covid-19 y todo lo que ella implica; miedo a enfermarse, miedo a contagiar, estrés por tanto encierro, soledad, muerte de seres queridos, incertidumbre económica, etc., etc.


Según resultados del “Global Burden of Disease”, actualmente existe un riesgo desproporcionado de suicidio y autolesiones entre los jóvenes.


Si a esto le agregamos la forma en la que se viven hoy en día las guerras y enfrentamientos entre personas, es lógico que estemos todos sumergidos en estrés y ansiedad. Es decir, hoy en día cada persona que tenga un celular en la mano se convierte en un reportero y puede mostrar sin censura alguna, lo que se vive en medio de pleitos, ya sea que sucedan a la vuelta de la esquina o al otro lado del mundo. Y no es que me parezca mal que nos enteremos de lo que sucede, pero este bombardeo constante de cosas negativas y de agresividad tiene que hacer mella de alguna manera en cada persona y se traduce en alteraciones del estado de ánimo que a cada quien le afectarán de distinto modo en la salud física y en todos los demás aspectos de su vida.


Y, ante todo esto, ¿qué hacer? Sentarnos cruzados de brazos y llenarnos de antidepresivos y ansiolíticos? ¡No! Se puede hacer mucho más.


En la medida de lo posible y en el ambiente que está a nuestro alcance, hay que aprender o reaprender a actuar juntos, como equipo. Procurar esto en casa y en nuestro trabajo. Cuidar unos de otros, respetar las libertades de los demás y ejercer la nuestra con prudencia.

Como decía el vocero de la ONU: “Una pandemia pone de manifiesto que la humanidad es una familia, cuyos miembros compartimos vínculos esenciales”. Así que manifestemos este hecho con cosas positivas.


¿Qué podemos hacer en nuestros hogares?

Procurar la comunicación, enseñando a los hijos a reconocer y expresar de manera adecuada las emociones, destinar tiempo para compartir en familia, leer cosas constructivas juntos, jugar juntos, ayudar a los más pequeños y más grandes a adaptarse a los cambios, crear un ambiente de armonía tomando en cuenta a los seres queridos, el entorno, los objetos y hasta los olores, recordar agradecer lo grande y lo pequeño, pasar tiempo en la naturaleza, donar lo que no se usa, mostrar afecto y sonreír. Después de procurar todo esto, cuidar de la salud mental será más fácil y, por lo tanto, también de la física.

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